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ORIGEN Y COSTUMBRES DE LA SEMANA SANTA

 

 

  Por Semana Santa entendemos aquellas celebraciones cristianas que comienzan el Domingo de Ramos y finalizan el Domingo de Pascua de Resurrección.

 

Estas conmemoraciones se iniciaron en Tierra Santa (lugar por excelencia de peregrinaciones) como una conmemoración de la Pasión, Muerte y resurrección de Cristo, creándose toda una serie de liturgias específicas para esta conmemoración. Allí es donde encontramos el nacimiento de las procesiones, en un principio no con los pasos actuales, sino con ciertas reliquias de la Pasión. La celebración del Domingo de Ramos y la Adoración a la Cruz, muy pronto se extendieron por toda la cristiandad.

 

El marcado carácter penitencial que mantiene desde sus orígenes la Semana Santa es condición indispensable para poder explicar la mayor parte de sus presentes formas de celebración. Si hay ciertas celebraciones a lo largo del año para mostrar la alegría, la felicidad, el regocijo por buenas cosechas, etc…, la Semana Santa tiene como objetivo ritualizar la expresión de los sentimientos dolorosos. La Iglesia utiliza estos rituales para que el alma colectiva tuviera cauces para descargar ese tipo de sentimientos y acercar al hombre al sentimiento del propio Jesús o la propia Virgen para que el pueblo los sienta más cercano. Así se puede sacar afuera todos los sentimientos negativos, dolores, decepciones, frustraciones, traiciones, angustias y demás, sin tener que utilizar para ello la venganza contra los semejantes, sino utilizando para ello el infringimiento del auto-castigo y del auto-dolor para proyectarlo al exterior y eliminarlo, algo parecido a lo que pretendía la tragedia griega, terapia colectiva del dolor y de la catarsis pública de esta. Actualmente ciertas terapias colectivas (desintoxicaciones y demás) utilizan componentes similares.

 

 Mediante la representación de la pasión y dolor de esa Pasión de Cristo, el ser humano se acerca a dios, sintiéndose importante y, a su vez, volcando esos sentimientos negativos, sufriéndolos a imagen y personificación de un ser superior. La iglesia cristiana, dueña durante siglos de todo el conocimiento de la humanidad, pues eran los únicos que tenían acceso a todos los manuscritos y a la cultura, sabían bien cómo dominar la situación y utilizar los ritos y celebraciones para sus propios beneficios, tanto creándolos, como modificándolos a su antojo, evitando que el pueblo se plantee ni siquiera el porqué del rito. La cultura cristiana siempre ha entrado imponiéndose, pero muy disimuladamente, creando para ello las ideas y ritos adecuados.

 

 Por ello la Semana Santa es lamento, cánticos como la saeta, que representan todos los lamentos que el hombre debe hacer a la muerte del ser divino y por los cuales desahoga su propia rabia interna, fundiéndose en una sola alma colectiva e igual.  Y también es purificación por las malas ideas y los pecados de todo el año, sin necesidad de tener que santiguarse constantemente en la Iglesia, por lo que acerca las ideas cristianas a los más reacios inclusive. Cortejos de encapuchados andando gravemente ante los pasos, penitentes arrepentidos por sus pecados, descalzos y arrastrando dolorosamente cadenas, o destrozando sus rodillas, tambores retumbando, una saeta rompiendo el silencio y helando la sangre de los participantes, costaleros expulsándose de pesares mediante el peso de los pasos, gritos, lamentos y lloros. En todas las culturas el ritual tiene una serie de elementos particulares y característicos de la zona, pero compartiendo un mismo objetivo, llegar al alma del pueblo.

 

 

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