Personajes históricos

EL MITO DE LOS VAMPIROS, LA LEYENDA DE LA SANGRE (Capítulo I)

 

 La temática vampírica es lo suficientemente interesante y extensa como para dedicarle varios capítulos, por lo que este mes podréis leer la primera parte, una introducción a la figura de estos misteriosos seres.

 La atracción hacia los vampiros es casi universal, hipnótica, sensual. Quizás porque el cine nos los ha mostrado siempre imponentes, bellos, poderosos, magnéticos, irresistibles, o bien por estar más allá del bien y del mal (sobre todo ante las connotaciones de las mentes educadas en la religión judeo-cristiana) o por su sed de sangre (tanto relacionado con la biblia, como veremos en el siguiente capítulo, como con el instinto agresivo del ser humano de poseer, dominar, matar…).

 ¿Cómo se inicia la mitología de los vampiros? ¿En qué momento se acuña la expresión del nombre? ¿Qué  supersticiones religiosas y/o populares son las auspiciadoras? ¿Cómo evoluciona la leyenda de los vampiros a lo largo de la historia? Tenemos mucho espacio y tiempo como para poder dar respuesta a estas y otras respuestas que puede que os surjan en la lectura.

 

 ¿DIOSES O MÓNSTRUOS?

 

 Como antes he escrito, me reservaré para el siguiente capítulo las connotaciones cristianas y de la Biblia hacia el vampirismo, en recuerdo de aquella época universitaria y de un imponente trabajo que realicé y que un profesor me rechazó ferozmente por el exceso de pasión que entonces añadí a la trama. Esas mismas teorías, esas mismas despreciadas, me he hartado de verlas tiempo después en numerosos foros y blogs…

 

 Desde tiempos inmemoriales los mitos de seres que se alimentan de sangre se extienden por la faz de la tierra... Es lógico en parte, pues el hombre es consciente de que la pérdida de la sangre implica la muerte. Pero la primera muestra que encontramos es en Persia, donde se halló una vasija ceremonial con una extraña talla: un hombre lucha contra una extraña criatura que intenta succionar claramente su sangre.

 

 Más tarde, los mitos babilónicos aportan una curiosa, por no decir atípica, deidad que se alimenta bebiendo la sangre de los niños: su nombre es Lilitu o "Lilith". De acuerdo con los textos hebreos, Lilith fue la primera mujer de Adán, a diferencia de la Eva del Antiguo Testamento. Debido a su poca destreza sexual, ésta abandona a su marido y se transforma en la Reina de los espíritus malvados, de los Demonios. Residuos modificados culturalmente por pequeñas diferencias se encuentran en diversas culturas asiáticas, australianas y americanas, pero con mayor importancia en Europa, cuna de la cultura y por ende en Grecia. Ofrendas de sangre como rito de fertilidad en numerosas culturas (la resurrección  y la muerte) son un claro antecedente. Numerosos dioses bebedores de sangre detalla la mitología griega y romana, conocidos como Lamiae, Empusae y Striges, nombres históricamente vinculados con el de brujas, demonios y vampiros. Pero aún estamos lejos del concepto de “muerto viviente”, eran divinidades capaces de adquirir apariencia humana para poder seducir a sus víctimas.

 

 La Eda Media, punto de inflexión para la popularidad del cristianismo, a la vez que de cientos de supersticiones, hace aumentar el valor simbólico de la sangre. La comunión del Espíritu Santo, beber el vino (sangre de Cristo) y comer el pan (cuerpo de Cristo), más el uso que de la sangre se hacía por parte de médicos y brujas (se prescribía beber sangre de virgen, o se “desangraba” a los pacientes para curar enfermedades y, por supuesto, los rituales siempre debían regarse de sangre) elevan la importancia de la sangre. Menciones a la presencia de vampiros pueden encontrarse en libros como El diccionario diabólico, escrito por el obispo de Cahors, en El Nugis Curialium, de Walter Map, y en la Historia Rerum Anglicarum, de William de Newburgh.

 

 A partir del siglo XIV durante las pestes que asolaron las regiones centrales de Europa (Prusia, Silesia y Bohemia), vuelve a la carga el mito. Llegó a interpretarse que la peste bubónica era causada por los vampiros, y el pánico de la infección condujo a enterrar los cadáveres sin ni siquiera verificar que realmente habían fallecido. En aquella época se empezó a pensar que los vampiros se levantaban de sus sepulcros: eran personas vivas que, al salir de sus tumbas, eran interceptadas por vampiros que le infligían heridas y los transformaban en uno más del grupo. A mediados del siglo XV, la superstición y el vampirismo vuelven a unirse  gracias a la publicación de un ensayo de Frenchman Gilles de Rais. Más tarde, un miembro del batallón de Juana de Arco se fugó hacia las tierras del sudoeste de Francia para buscar el secreto de la “piedra filosofal” en la sangre (recordemos el Santo Grial y las connotaciones que tiene con la sangre de Cristo). Guiado por esta búsqueda, asesinó cerca de 300 niños, torturándolos de forma siniestra, para utilizar su sangre durante los experimentos.

 

  El centro de Europa desde esa época es el centro de las historias y mitos actuales sobre vampiros.  Hungría sucumbió a las macabras ocurrencias de la condesa Erzsebet Bathory (Elizabeth Bathory, más conocida como la "Condesa Sangrienta"). Esta aristócrata fue acusada de secuestrar y torturar a numerosas jóvenes muchachas hasta su muerte con el objetivo de bañarse y de beber su sangre. Creía que, de esta manera, preservaría su juventud y su belleza. Nuevamente la muerte como símbolo de la resurrección. También en esta época otra figura histórica llegó a ser asociada con el vampirismo: su nombre era Vlad III Draculea, príncipe de Wallachia, un reino antiguo que ahora es parte de Rumania. Cabe mencionar que el apellido “Drácula” significa “dragón” (e incluso demonio en su lengua original).Este fue el modelo que utilizó Bram Stoker para crear el famoso personaje del Conde Drácula. No obstante, este personaje, debido a sus actos para expulsar a los turcos de Valaquia (mediante métodos extremadamente crueles y brutales, como empalar a todos los enemigos muertos, heridos y capturados en una batalla) se le considera un héroe nacional en Rumania, el salvador de Europa. Con esos mismos métodos también logró que desapareciera toda delincuencia de su reino. El aura demoníaca que desprendía hizo que sus enemigos se lo pensasen dos veces antes de atacarle. Paralelamente, la leyenda de Draculea, hijo de Dracul, el Dragón, el Diablo, el Vampiro, pudo surgir: sus enemigos creían a ciencia cierta que Vlad disponía de poderes para “alistar” en su bando a los muertos, pues sólo así podía explicarse su conducta, y pensaban que su reducido ejército diurno quedaba reforzado durante la noche por las cien mil almas de sus víctimas convertidas en raptores de niños y doncellas, chupadores de sangre, fantasmales guerreros de la oscuridad en busca de implacable venganza contra los vivos. El concepto moderno de vampiro tal y como lo conocemos actualmente había nacido.

 

 

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